viernes, 5 de diciembre de 2008

La felicidad

¿CÓMO HACER PARA VIVIR FELICES?
Uno de los planteos más fundamentales del hombre es:
"¿cómo hacer para vivir felices?
 ¿Cómo experimentar dicha, el mayor tiempo posible?".

En pos de una respuesta, nos dedicamos a las cosas que nos producen placer e intentamos perpetuar el sentimiento que nos generan.
Sin embargo, no siempre las cosas que deseamos están a nuestro alcance de manera inmediata,  y esto nos produce dolor y angustia.

¿Dónde se encuentra, entonces, la verdadera dicha?
El Mahatma Gandhi declaró:
"La alegría reside en la lucha, en el intento, en el sufrimiento que esto acarrea, y no, en la victoria en sí".

Alcanzar las metas que nos proponemos nos causa un gran deleite; pero más hermoso aun es enfrentar cada obstáculo y desafío con alegría y determinación.
Esto nos permite disfrutar no sólo de la meta lograda, sino de todo el trayecto que realizamos hasta llegar a ella.

Claro está que, para disfrutar de los desafíos que implica lograr lo que uno desea, hacen falta coraje y convicción, y no siempre surgen naturalmente;  no obstante poseemos el medio supremo para desarrollar el máximo valor en la vida:
la Ley Mística.

Cuán estimulante es que cada día tenga su tinte especial y podamos atesorarlo como una joya, en lugar de gozar sólo el momento en que se alcanzó un deseo que, a menudo, se desvanece dejándonos un cierto vacío después de haberlo alcanzado, vacío que nos precipita en busca de otra cosa.

La vida está conformada por cada día de nuestra existencia,
y debemos aprovecharla al máximo hoy; no mañana o algún día, sino hoy,  mañana y pasado mañana.


El presidente Ikeda dice:
"La verdadera exaltación de la vida yace, en cómo vivimos cada momento, en cuánto nos esforzamos y desafiamos en este preciso instante. En el viaje que estamos efectuando hacia la victoria suprema. La vida es interesante, justamente, porque tenemos que abrirnos paso, por toda clase de vicisitudes".



El presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, señala que en este mundo, donde el egoísmo es lo que predomina, orar y esforzarse arduamente por la felicidad de los demás y por la propia es algo magnífico.

El Daishonin afirma: "'Alegría' significa el deleite que comparten uno mismo y los demás";  y "alegría" significa compartir con los demás la sabiduría y la misericordia".
El punto clave es que la alegría, es algo que se comparte con los demás.
Es egoísta preocuparse solo por la propia felicidad.
E interesarse únicamente por la felicidad ajena, es hipocresía.
La felicidad genuina implica ser felices junto a otros.
Alcanzar la felicidad personal no es difícil; sin embargo, la esencia de la fe es ayudar a los demás a que también lo hagan.


En síntesis, ninguna dicha es tan grande como el regocijo de ver a otras personas felices a raíz de nuestro empeño en el diálogo. Y cuando nos deleitamos al ver la felicidad de los demás, nuestra propia vida profundiza mucho más su pureza.


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Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
http://www.adaip.es

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