martes, 6 de octubre de 2009

Joshua

"Aarón llegó con puntualidad. Joshua lo esperaba en el porche y se dirigió al coche en cuanto Aarón lo detuvo, pues le molestaba que Aarón saliera del auto para abrirle la puerta.
Al llegar a la sinagoga los recibieron cordialmente, como de costumbre.  Joshua quedó solo, un hombre desconocido se le acercó y se presentó. Había oído que Joshua iba a la sinagoga todas las semanas y que lo recibían afectuosamente. Eso no le gustaba nada. Por esa razón había ido esa noche.
Él y su familia habían sido perseguidos por los cristianos desde que podía acordarse y no soportaba la idea de que un cristiano fuera recibido tan cordialmente por su gente. Acusó a Joshua de una gran diversidad de cargos, diciéndole que compartía la culpa de toda la gente que había perseguido a su pueblo y los había matado en campos de concentración.
Joshua sintió compasión por el espíritu torturado de ese hombre y pensó que sería cruel contradecirlo. Entonces, impulsivamente, lo abrazó fuertemente, pidiéndole perdón por todas las maldades que su gente le había hecho a su familia y a todos los otros judíos durante siglos.
El hombre quedó tan apabullado por la sinceridad de la compasión que sentía Joshua por él que su resistencia se quebró, abrazó a Joshua y lloró como un niño. En un instante toda la amargura y la furia abandonaron su espíritu torturado, y su cuerpo se relajó al liberarse de años de odio reprimido.
El hombre se sentó al lado de Joshua durante el servicio. Después del servicio salieron juntos. Cuando los admiradores de Joshua se reunieron alrededor de él para la conversación semanal, el hombre se unió al círculo y descubrió que Joshua era una bella persona por su comprensión de la naturaleza humana y su insistencia en que la gente encuentra la paz sólo cuando está dispuesta a hacer a un lado la mezquindad y el prejuicio, hasta aquellos prejuicios consagrados con el correr de los siglos".
Joseph F. Girzone «Joshua, una parábola de hoy»
Sólo una mente abierta es capaz de desarrollar las actitudes necesarias para la paz; ésta surgirá de nuestra capacidad para elevarnos por encima de las cosas materiales y llegar a un punto en el que no las ambicionemos más. Para encontrar amor y aceptación hay que empezar por demostrar amor y aceptación, recordemos que sólo   se puede recibir lo mismo que se da.



Jaume Guinot
Gabinete de Psicologia - Colegiado 17674
www.psicologiacerdanyola.es

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