sábado, 27 de marzo de 2010

EL INVENTARIO

EL INVENTARIO

A mi abuelo aquel día lo vi distinto. Tenía la mirada enfocada en lo
distante... casi ausente. Pienso ahora que tal vez presentía que ese
era el último día de su vida.

Me aproxime y le dije: "¡Buen día, abuelo!".

Y él extendió su silencio. Me senté junto a su sillón y luego de un
misterioso instante, exclamó:
"¡Hoy es día de inventario, hijo!".

"¿Inventario?" (pregunté sorprendido).

"Si. ¡El inventario de las cosas perdidas!" Me contestó con cierta
energía y no sé si con tristeza o alegría. Y prosiguió:
"Del lugar de donde yo vengo, las montañas quiebran el cielo como
monstruosas presencias constantes. Siempre tuve deseos de escalar la
más alta. Nunca lo hice, no tuve el tiempo ni la voluntad suficientes
para sobreponerme a mi inercia existencial.
Recuerdo también, aquella chica que amé en silencio por cuatro años;
hasta que un día se marchó del pueblo, sin yo saberlo.
¿Sabes algo?. También estuve a punto de estudiar ingeniería, pero mis
padres no pudieron
pagarme los estudios. Además, el trabajo en la carpintería de mi
padre no me permitía viajar. ¡Tantas cosas no concluídas, tantos
amores no declarados, tantas oportunidades perdidas!".

Luego, su mirada se hundió aun más en el vacío y se le humedecieron
sus ojos. Y continuó:
"En los treinta años que estuve casado con Rita, creo que sólo cuatro
o cinco veces le dije -te amo-".

Después de un breve silencio, regresó de su viaje mental y mirándome
a los ojos me dijo:
"Este es mi inventario de cosas perdidas, la revisión de mi vida. A
mí ya no me sirve. ¡A ti sí!. Te lo dejo como regalo para que puedas
hacer tu inventario a tiempo".

Y luego, con cierta alegría en el rostro, continuó con entusiasmo y
me dijo:
"¿Sabes qué he descubierto en estos días?".

"¿Qué, abuelo?", respondí.

Aguardó unos segundos y no contestó, solo me interrogó nuevamente:
"¿Cuál es el pecado más grave en la vida de un hombre?".

La pregunta me sorprendió y sólo atiné a decir, con inseguridad:
"No lo había pensado. Supongo que matar a otros seres humanos, odiar
al prójimo y desearle el mal. ¿Tener malos pensamientos, tal vez?".

Su cara reflejaba negativa. Me miró intensamente, como remarcando el
momento y en tono grave y firme me señaló:
"El pecado más grave en la vida de un ser humano es el pecado por
omisión. Y lo más doloroso es descubrir las cosas perdidas sin tener
tiempo para encontrarlas y recuperarlas".

Al día siguiente regresé temprano a casa, luego del entierro del
abuelo, para realizar en forma URGENTE mi propio "inventario" de las
cosas perdidas.

EL EXPRESARNOS NOS DEJA MUCHAS SATISFACCIONES, así que no tengas
miedo y procura no quedarte con las ganas de nada por hacer o por
decir... ¡antes de que sea demasiado tarde!.

Y tú, ¿ya hiciste tu inventario?.

1 comentario:

  1. A veces las circunstancias nos obligan a renunciar ilusiones por favorecer otras opciones, ya sea por decisión propia, por una compensación familiar y a veces incluso por dejadez.

    Los días pasan volando por lo que es oportuno hacer un balance de lo vivido y de lo que se tiene pendiente vivir, buscando la fórmula y el equilibrio para poder realizarlas.

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