viernes, 26 de marzo de 2010

ESCUCHA EL SUSURRO O EL LADRILLAZO

TÚ ESCOGES... ESCUCHA EL SUSURRO O EL LADRILLAZO

Un jóven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su auto
Jaguar último modelo, de repente sintió un estruendoso golpe en la
puerta y al bajarse, un poco más adelante, vio que un ladrillo le
había estropeado la pintura, carrocería y vidrio de la puerta de su
lujoso auto. Dió un brusco giro de 180 grados y regresó a toda
velocidad a donde vio salir el ladrillo que acababa de desgraciar lo
hermoso que lucía su precioso auto.

Salió del auto de un brinco y agarró por los brazos a un chiquillo,
y empujándolo hacia un auto estacionado le gritó a toda voz:
"¿Qué rayos fue eso?, ¿Quién eres tu? ¿Qué crees que haces con mi
auto?".
Y enfurecido casi botando humo, continuó gritándole al chiquillo:
"¡Es un auto nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte caro!,
¿Por qué hiciste eso?".

"Por favor, señor... por favor. ¡Lo siento mucho!, no sé que
hacer",suplicó el chiquillo.
"Le lancé el ladrillo porque nadie se detenía...".
Lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba
hacia atrás del ejecutivo.
"Es mi hermano", le dijo. "Se descarriló su silla de ruedas, se cayó
al suelo y no puedo levantarlo".
Sollozando, el chiquillo le preguntó al ejecutivo:
"¿Puede usted, por favor; ayudarme a sentarlo en su silla?. Está
golpeado y pesa mucho para mí solito. ¡Soy pequeño!.

Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo, el ejecutivo
tragó grueso el nudo que tenía en la garganta. Indescriptiblemente
emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al jóven del suelo
y lo sentó en su silla nuevamente; sacó su pañuelo de seda para
limpiar un poco las cortaduras y el sucio de sobre las heridas del
hermano de aquel chiquillo especial.

Luego de verificar que se encontraba bien, miró al chiquillo que le
dio las gracias con una sonrisa que no tiene posibilidad de
describir nadie...
"Dios lo bendiga, señor... y muchas gracias" le dijo.

El hombre vio como se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente
la pesada silla de ruedas de su hermano hasta llegar a su humilde
casita.

El ejecutivo aun no ha reparado la puerta del auto, manteniendo así
el golpe que le hizo el ladrillazo; de esta forma puede recordar
cada día el no ir por la vida tan de prisa que alguien tenga que
lanzarle un ladrillo para que preste atención.

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