lunes, 4 de julio de 2011

Lugares susurrados

de Cien Palabras de Jordi Cebrián
Cuando ya no había otros bares ni otras luces en la calle, aun podía
entrarse allí, una caverna oscura decorada con velas y seda roja,
cojines en el suelo, miradas penetrantes desde las tinieblas de algún
rincón. La música: vibraciones de cuerdas, algún metal profundo, un
latir rítmico y cautivador. Algunas mujeres se atrevían a entrar
solas, seducidas por misterios que la ciudad susurra. Se sentaban
inquietas, excitadas, temerosas, y bebían un licor peculiar, un
destilado fuerte, acre. No tardaban en tener compañía, en sentir ese
placer prohibido de palabras seductoras, de una boca en el cuello
vaciándote de sangre.
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo

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