sábado, 13 de agosto de 2011

barriendo un corazón

Un hombre, muy sencillo y analfabeto, llamó a las puertas de un
monasterio. Tenía deseos verdaderos de purificarse y hallar un sentido
a la existencia. Pidió que le aceptasen como novicio, pero los monjes
pensaron que el hombre era tan simple e iletrado que no podría ni
entender las más básicas escrituras ni efectuar los más elementales
estudios.
Como le vieron muy interesado por permanecer en el monasterio, le
proporcionaron una escoba y le dijeron que se ocupara diariamente de
barrer el jardín. Así, durante años, el hombre barrió muy
minuciosamente el jardín sin faltar ni un solo día a su deber.
Paulatinamente, todos los monjes empezaron a ver cambios en la actitud
del hombre. ¡Se le veía tan tranquilo, gozoso, equilibrado! Emanaba de
todo él una atmósfera de paz sublime. Y tanto llamaba la atención su
inspiradora presencia, que los monjes, al hablar con él, se dieron
cuenta de que había obtenido un considerable grado de evolución
espiritual y una excepcional pureza de corazón. Extrañados, le
preguntaron si había seguido alguna práctica o método especiales, pero
el hombre, muy sencillamente, repuso:
No, no he hecho nada, creedme. Me he dedicado diariamente, con amor, a
limpiar el jardín, y, cada vez que barría la basura, pensaba que
estaba también barriendo mi corazón y limpiándome de todo veneno.

Jaume Guinot
Ciudadano del Mundo

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