miércoles, 3 de agosto de 2011

lo que un hombre sembro

Cuando estaba en el secundario, el bravucón de tercer año me dio un
puñetazo en el estómago. No sólo me dolió sino que me enfureció,
aunque debo admitir que más intolerables me resultaron el mal rato y
la humillación.
¡Quería vengarme a toda costa! Planeé encontrarlo al día siguiente en
el estacionamiento de bicicletas y darle una paliza. Por alguna razón,
le conté mi plan a Nana, mi abuela. Gran error. Me dio uno de esos
sermones de cuatro horas. El sermón fue un plomo, pero, entre otras
cosas, recuerdo vagamente que me dijo que no necesitaba preocuparme
por él.
Dijo:
"Las buenas acciones tienen consecuencias buenas y las malas,
consecuencias malas". Le dije que yo hacía cosas buenas todo el tiempo
y que lo único que obtenía a cambio era "basura". No obstante, siguió
en sus trece:
Dijo :
Cada buena acción que hagas volverá a ti algún día y cada cosa mala
que hagas también volverá ", insistió.
Tardé treinta años en comprender la sabiduría de sus palabras. Nana
vivía en una pensión en California. Todos los jueves pasaba por allí y
salíamos a comer. Siempre la encontraba muy bien vestida y sentada en
una silla junto a la puerta de calle. Recuerdo con toda nitidez
nuestra última cena juntos antes de que la internaran en un hospital.
Fuimos a un restraurante muy simple atendido por una familia. Yo pedí
un bife para Nana y una hamburguesa para mí. Llegó la comida y yo
empecé en seguida a comer. Noté que Nana no comía. Simplemente, miraba
la comida en el plato. Corrí mi plato a un costado, tomé el plato de
Nana, lo acerqué y corté su carne en pedacitos. Luego volví a poner el
plato delante de ella.
Mientras con gran dificultad pinchaba la carne y se la llevaba a la
boca, sentí el impacto de un recuerdo que enseguida hizo brotar
lágrimas en mis ojos.
Cuarenta años antes, de chiquito, sentado a la mesa, Nana siempre
tomaba la carne de mi plato y la cortaba en pedacitos para que pudiera
comerla.
Habían pasado cuarenta años, pero la buena acción se veía recompensada.
Nana tenía razón.
Cosechamos exactamente lo que sembramos. "Cada buena acción que hagas
algún día volverá a tí."
¿Qué pasó con el bravucón de tercer año?
Se topó con el bravucón de cuarto.

Jaume Guinot
Ciudadano del Mundo

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