domingo, 11 de diciembre de 2011

El tren de la vida

 La vida no es más que un viaje por tren: repleto de embarques y
desembarques, salpicado de accidentes, sorpresas agradables en algunos
embarques, y profundas tristezas en otros. Al nacer, nos subimos al
tren y nos encontramos con algunas personas las cuales creemos que
siempre estarán con nosotros en este viaje: nuestros padres.
Lamentablemente la verdad es otra. Ellos se bajarán en alguna estación
dejándonos huérfanos de su cariño, amistad y su compañía
irreemplazable. No obstante, esto no impide a que se suban otras
personas que nos serán muy especiales. Llegan nuestros hermanos,
nuestros amigos y nuestros maravillosos amores.
De las personas que toman este tren, habrá los que lo hagan como un
simple paseo, otros que encontrarán solamente tristeza en el viaje, y
habrá otros que, circulando por el tren, estarán siempre listos en
ayudar a quien lo necesite.
Muchos al bajar, dejan una añoranza permanente; otros pasan tan
desapercibidos que ni siquiera nos damos cuenta que desocuparon el
asiento.
Es curioso constatar que algunos pasajeros, quienes nos son más
queridos, se acomodan en vagones distintos al nuestro. Por lo tanto,
se nos obliga hacer el trayecto separados de ellos. Desde luego, no se
nos impide que durante el viaje, recorramos con dificultad nuestro
vagón y lleguemos a ellos… pero lamentablemente, ya no podremos
sentarnos a su lado pues habrá otra persona ocupando el asiento.
No importa; el viaje se hace de este modo; lleno de desafíos, sueños,
fantasías, esperas y despedidas… pero jamás regresos. Entonces,
hagamos este viaje de la mejor manera posible.
Tratemos de relacionarnos bien con todos los pasajeros, buscando en
cada uno, lo que tengan de mejor. Recordemos siempre que en algún
momento del trayecto, ellos podrán titubear y probablemente
precisaremos entenderlos ya que nosotros también muchas veces
titubearemos, y habrá alguien que nos comprenda.
El gran misterio, al fin, es que no sabremos jamás en qué estación
bajaremos, mucho menos dónde bajarán nuestros compañeros, ni siquiera
el que está sentado en el asiento de al lado.
Me quedo pensando si cuando baje del tren, sentiré nostalgia… Creo que
sí. Separarme de algunos amigos de los que me hice en el viaje será
doloroso. Dejar que mis hijos sigan solitos, será muy triste. Pero me
aferro a la esperanza de que, en algún momento, llegaré a la estación
principal y tendré la gran emoción de verlos llegar con un equipaje
que no tenían cuando embarcaron.
Lo que me hará feliz, será pensar que colaboré con que el equipaje
creciera y se hiciera valioso.
Amigos, hagamos que nuestra estadía en este tren sea tranquila, que
haya valido la pena. Hagamos tanto, para que cuando llegue el momento
de desembarcar, nuestro asiento vacío, deje añoranza y lindos
recuerdos a los que en el viaje permanezcan.Dios, te pide que así sea
Autor : Anonimo
Jaume Guinot
Ciudadano del Mundo

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